Dragonlord: Dominion


Dragonlord - Dominion
Nombre del disco: Dominion
País de procedencia: United States
Tipo de edición: CD
Género: Black Metal, Black/Thrash Metal
Año: 2018
Nota: 9.50
Fecha de la crítica: Lunes 26.11.18
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Reseñado por: Mariano G.

Eric Peterson es un nombre que está fuertemente ligado al Thrash metal. Guitarrista de la agrupación Testament, no contento con escribir clásicos como "The Legacy" ha tomado la atinada decisión de condensar bajo un proyecto nuevo la música que su inquieta cabeza exuda, y siendo esta música más oscura que la que crea para su banda madre, el Black Metal me parece el lenguaje correcto para sus épicas pesadillas. De esta forma Dragonlord inicia el vuelo en el 2001 con “Rapture”, álbum que ya nos mostraba el tenor de esta nueva propuesta y la paleta sónica que su principal autor usaría para plasmar sus más oscuras ensoñaciones. Hoy es el turno de “Dominion”, tercer álbum y un nuevo volumen de canciones cuyo audicionado supone un tour por una galería de momentos y sonidos lejos de un contenido destinado a satisfacer a los puristas (Testament tampoco es la banda más severamente extrema dentro de su estilo, admitámoslo).

El Black Metal aquí practicado cae dentro de lo que podríamos llamar “harmless black metal”, música inofensiva dentro de este estilo. Por ahí leí que el Black Metal no es solo música, observo a este álbum despojado de toda aura maldita, pero rebosante de aquello que debe tener un álbum: música, y ¡vaya qué música!

Aquí no hay muertes, ni quema de iglesias ni suicidios, solo las visiones que Eric con su trazo guitarrero es capaz de plasmar en una música lo suficientemente variada que va desde tímidas y nada suicidas incursiones en otros estilos (como el Thrash) y momentos típicamente clásicos de la escuela noruega. Es un álbum que suena diferente gracias a la guitarra y no tanto a teclados u otros elementos. Los temas son diferentes entre sí, aun así lo suficientemente emparentados de tal manera que se hace indiscutible que se originaron en el mismo útero, como si cada una de esas canciones fueran capítulos diferentes de una historia mayor, fragmentos de una visión de la música, combinaciones diferentes de los elementos en juego.

Personalmente considero que el Black Metal es oscuridad misterio y ceremonia, un estilo que hiende el afilado colmillo de una mente rota a veces por certezas perturbadoras sean estas reales o imaginarias. Este disco no me parece que sea el caso, es una recreación colorida de todo aquello. Estos, pues, son los paisajes que se pueden vislumbrar tras la tenue sombra que la envergadura de las alas de este dragón proyecta.

“Entrance” inicia con el sonido de una puerta abriéndose, entremos. Coros tanto femeninos y masculinos, ataviados con riffs eléctricos danzan en nuestro interior cuando esta música, cual vino escanciándose en una copa, empieza a bañar nuestros adentros. Resalto que es una intro elaborada, no un mero fragmento de música ambiental. “Dominion” estira de las sedas del tema anterior, en particular en los coros, nada empalagosos. Canción interesante e importante, pues con ella el álbum no tarda en revelar su esencia, la de ser un disco de Metal, extremo por breves momentos, pero Metal ante todo, sin restringirse ni coartarse para encajar, pero tampoco sin romper el molde. Aquí asistimos a la primera aparición del personalísimo teclado de Lyle Livingston, que nos brinda grandes e imaginativos momentos, aquí como en otras partes del álbum. En “Ominous Premonition” es la voz la que tiene el protagonismo con un desgarrador registro, el resto de los instrumentos le provee un manto musical marca de casa. Es en “Lamia” donde este álbum empieza a rasguñar los mármoles del empíreo, las coloridas notas del teclado dirigen la canción, siendo la guitarra la más pasiva con un riff que cumple su función de acompañante. La verdad me recordó bastante al riff principal de teclado de “The Pharaoh Sails To Orion” de los Nightwish del "Oceanborn", esos que ya no existen. Tanto en este como en los anteriores temas la voz limpia hace su aparición, restándole el componente “black” a la ecuación.“Love Of The Damned”, marcadamente orquestal en su inicio y con guitarras poderosas que luego dan paso a una voz limpia nuevamente que nos lleva a la “balada” del álbum, como si este tuviera su propio “Return to Serenity”, no digo que este a la altura de ese clásico de Testament, pero por ahí van los tiros.

Y llegamos a “Northlanders”, me es difícil expresar con palabras los raudales de energía que esta canción me trasmite, no en vano fue elegida para un videoclip. Poder y velocidad por cada costado, pero medido, controlado y sin desenfrenos en pos de lo vertiginoso. Cada elemento concurrente en el álbum esta aquí presente, de ahí que aparte de ser una gran canción puede bien representar al álbum entero. De nuevo un teclado a lo Nightwish, aunque suene injusta la comparación, pero es solo para situarnos, ya quisiera Tuomas Holopainen eviscerar de su cráneo semejante pista melódica que alegra el alma y, si no la tienes, te la crea. Viajamos a las entrañas de la Tierra media con “The Discord Of Melkor”, y el blast beast que despunta frenético de la intro nos dibuja una sonrisa de satisfacción. Es una de las canciones más cercanas al Black metal más tradicional, aun así, como cada canción del álbum, es pródiga en detalles. Siguiendo con la malas costumbre de comparar, en esta canción está lo que Dimmu Borgir debería ser, en mi opinión. “Serpents Of Fire” le pone fin al álbum con una nota positiva, pues es una canción que solo puede trasmitir alegría. Veloz, técnica y contundente, con esta pieza Dragonlord se despide por lo alto.

De seguro el dragón volará hacia otras regiones del cielo buscando reposo e inspiración antes de volver a atacar, y montado sobre esa bestia, el áuriga Eric Peterson, firme en su montura, de seguro no defraudará. ¡Larga vida al señor de dragones!


Títulos: 

1. Entrance
2. Dominion
3. Ominous Premonition
4. Lamia
5. Love of the Damned
6. Northlanders
7. The Discord of Melkor
8. Serpents of Fire

Formación: 

Lyle Livingston - Teclados, pianos, sintetizador
Eric Peterson - Voces, guitarras, bajo
Alex Bent - Batería


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